Durante los años de noviazgo tuvieron muchos
ensueños: una casa con flores por aquí, colchas de colores, cortinas limpias,
una heladera llena… mil cosas más: detalles simples que hacen de un nido un
lugar ordenado y acogedor. Detalles cotidianos y triviales que hacen a la
terrena felicidad. Fueron ensueños: representaciones fantásticas llenas de
ilusión sin base en lo real.
Llevan
5 años de casados. Me invitaron a cenar. “Yo llevo el postre” anuncié. “¡No,
no! no traigas nada. Tu presencia nos basta”.
Llego
con tiempo para ayudar en el baño de las dos niñas y tranquilizar al pequeño de
dos meses. Su madre está en diez cosas
al mismo tiempo: el baño de las niñas,
el teléfono -la llaman a esa hora porque saben que la encuentran en casa-…
recoge juguetes de la alfombra llena de migas, sonríe a su marido que solo
puede hacer una cosa por vez: la salsa. Está enfrascado en preparar la salsa
para la pasta (por cierto una buenísima salsa de tomate con hojas de laurel y
todo!). De vez en cuando intercalan comentarios repartiéndose el trabajo del
día siguiente: tenemos pediatra, Pisci puede ir más tarde al cole, ¿la llevas
tu o la llevo yo? la sal está arriba, no ahí no, más arriba…
El
bebe nació con un problemita de salud prenatal ya controlado. La semana que
viene empieza la estimulación, también hablan de ello. Mientras yo doy de comer
a Cata quien cumple mañana dos años. Aún no habla pero se hace entender perfectamente.
Cuando quiere agua me