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24 mayo 2015

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La cena


 
Dolmio, una marca australiana de salsas para pasta, nunca tuvo tanta razón. Con la ayuda de un pimentero que desconecta secretamente la señal de televisores, wi-fi y aplicaciones de smartphones y tablets, lograron captar con cámaras ocultas las reacciones desesperadas de los miembros de cuatro familias que se quedan sin tecnología a la hora de la cena.


Una publicidad es buena cuando refleja exactamente los insights del grupo al que se dirige, que en el caso de Dolmio, son las familias y su lema es “reuniendo familias a la hora de la cena”. Es por eso que nos sentimos tan identificados con este comercial y sobretodo con la frase “la tecnología ha secuestrado la hora de la cena”. Cada vez es más común que papá o mamá repitan la frase: ¡A cenar! hasta una docena de veces porque todos están tan enfrascados en sus gadgets que incluso olvidan que tienen familia y hasta hambre. Y aunque finalmente todos acudan a la mesa, siguen pegados al mundo de sus pantallas brillantes.



Pero, ¿por qué tanta insistencia en cenar juntos? La hora de la cena es el momento perfecto para compartir en familia, es cuando todos han concluido sus actividades diarias y pueden relajarse, reír, expresarse libremente y conocer más de con quienes conviven. Los padres, que dejan de lado una serie de responsabilidades, son quienes más valoran estos tiempos de diálogo con su pareja e hijos, pues están más conscientes de que la convivencia familiar en armonía es un trabajo de cada día.

Fáciles de pronunciar

 Si consideramos la vida en familia como una puerta a lo cotidiano, que en su dintel tiene escritas tres palabras clave, comprobamos que son palabras más fáciles de pronunciar que llevarlas a la práctica: permiso, gracias, perdón. 

Estas ideas corresponden al Papa Francisco que las repite una y otra vez. ¿Por qué será?
 

Porque las tres son absolutamente necesarias, están vinculadas a la buena educación, en su sentido genuino de respeto y deseo del bien, y muy lejos de cualquier hipocresía y doblez.
 

 “La palabra permiso nos recuerda que debemos ser delicados, respetuosos y pacientes con los demás, incluso con los que nos une una fuerte intimidad”.
 

“Dar las gracias, parece una contradicción para una sociedad recelosa que la considera una debilidad. Sin embargo, la dignidad de las personas y la justicia social pasan por la educación de la gratitud. Una virtud que nace del corazón”.
 

“El perdón es el mejor remedio para impedir que nuestra convivencia se agriete y llegue a romperse. La oración del Padrenuestro enseña a aceptar nuestro error y proponer corregirnos como el primer paso para la sanación”.
 

Francisco invita una vez más a los esposos a no terminar nunca el día sin reconciliarse, sin hacer la paz.