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7.9.26

¿Miedo al silencio?

 

Hoy, un chico menor de 18 años, mientras mira la tele suele hablar por celular, navegar por Internet y hacer tareas escolares o liceales. Solo 20% usa un medio a la vez.

Diariamente comprobamos cómo nuestros chicos precisan del acompañamiento sonoro hagan lo que hagan: estudiar, conversar, correr. Esto causa estragos no solo de contaminación acústica, sino también en su modelo de pensamiento y actuación.

Cuando el ruido se instala en nuestras vidas provoca una actividad agobiante de la que no somos conscientes. En la última década se ha triplicado el sonido recreativo, nos hemos acostumbrado a la estridencia del tránsito, de la televisión y de los múltiples aparatos de reproducción de música. También a los exagerados decibeles de nuestras propias voces pues, para entendernos debemos alzarlas.

No basta con quererse: saber decirlo

 


“Me gusta salir con amigos y mi esposa: escuchamos música de los 70 y 80, bailar como veinteañeros: lo pasamos bien. Pero…  salir solos con mi esposa... siento que la quiero, pero tomar un café solos... ¿de qué hablamos? Ya no tenemos nada que decirnos." 

 
Ésta o expresiones similares revelan un lento pero inexorable deterioro en la comunicación.
La simple conversación ayuda a pasar el tiempo: se intercambian ideas y opiniones. La comunicación verdadera es la que conduce a compartir son sentimientos íntimos. Conversar es fácil, comunicarse de verdad, muy difícil. Y es precisamente lo que necesita un matrimonio para crecer o para salir de mini crisis.

Un matrimonio que sólo conversa, se entretiene con ideas pero no entra en común unión porque las ideas no comprometen, no identifican tanto como los sentimientos. Las ideas se pueden rebatir, los sentimientos no. La buena comunicación deja al desnudo muestra intimidad, deja expuesto el núcleo personal. Si en una conversación no se aceptan las ideas del otro, no se sufre. Pero si en una comunicación no se acogen los sentimientos expresados, duele mucho, es como una puñalada que introduce la desconfianza.
 
Comunicar los sentimientos es para el amor lo que la sangre es para el cuerpo. Cuando la sangre no fluye más, el cuerpo muere. Si la comunicación desaparece, el amor enferma y nacen resentimientos. Restablecer el diálogo puede devolver la vida a una relación mortecina. Se empieza

2.9.26

¿Educar a los nietos o mimarlos?

Parte 2

Los abuelos quieren mucho y de verdad a sus nietos. Ese cariño lleva a saber delimitar perfectamente las fronteras entre el mimo razonable -que hará feliz al nieto sin ninguna complicación- y el mimo que puede resultarle nocivo.


¿Qué pueden los padres por reforzar lo positivo de la acción de los abuelos en lo referente a la educación de los pequeños? Lo primero enseñar a respetar y a querer mucho a los abuelos. Y en esto, como en todo, lo principal será el ejemplo, los hechos, no las palabras.

Un niño de seis años amanece un día con el capricho de no ir al colegio. Mientras la madre lo viste, se organiza la batalla-discusión, no exenta de algún que otro grito de la madre, acompañando al lloriqueo del muchacho. Entra el abuelo: se propone, naturalmente, apoyar a la mamá; pero apenas empieza a hablar, la madre dice: "Déjanos, abuelo, que éste no es asunto tuyo." No entramos ahora en si es razonable o no lo que la madre ha dicho. Pero días después, con ocasión de que el abuelo está corrigiendo al niño sobre algo, éste sale con una música que le ha quedado de aquella escena: "Abuelo, éste no es asunto tuyo."

El ejemplo es siempre decisivo. Si los padres al hablar de los los abuelos ellos ponen calor los niños aprenderán a quererlos. Poner énfasis en la celebración de una fiesta para los abuelos, transmitir alegría porque hoy vamos a ir a casa de los abuelos etc.

Todo esto vendrá acompañado por cuanto hagan los abuelos para inspirar cariño y el lograrlo será bueno, ya de por sí.  Pero será al mismo tiempo el mejor vehículo para que el niño acepte la autoridad de los abuelos y la valía de cuanto éstos quieran inculcarles en el orden educativo.

¿Es preciso que los abuelos se fijen unos objetivos en el capítulo de educar a los nietos? Diríamos que esto más bien corresponde a los padres.

A los abuelos toca interesarse, conocer estos objetivos de los padres, y adaptarse a ellos, con lo cual todo será más fácil y así disfrutarán de esa gozosa libertad de dar, sin más preocupaciones, desvinculados de cuanto suponga atenerse a obligaciones serias, aunque se obliguen a no salirse de las pautas educativas marcadas por los padres.

¿Qué pueden dar habitualmente los abuelos en el ámbito de la educación? ¡Tantas cosas! Un tiempo sin prisas, donde el niño se abre en contar cosas, seguro de ser comprendido; donde hará preguntas, para prenderse en las respuestas maravillosas de los abuelos.

Contar cuentos por los que se suelta la imaginación y la fantasía, recuerdos de historias verdaderas sobre una vida de atrás en la que  los padres eran niños…  y en especial mucho cariño que sirve de campo abonado donde se sostengan las tiernas raíces del alma del niño, para que rebroten en virtudes, en amor a lo bueno.

En la educación de la fe mucho es lo pueden incidir los abuelos, aunque la tarea básica compita a los padres: desgranando en lenguaje del niño bellas historias evangélicas; enseñando oraciones de sabor antiguo; uniendo afectos humanos con amores divinos. El sosiego que emana de las palabras de los abuelos es el mejor marco que encuadra interés de los niños por lo que oyen y es  sembrar algo que limpiamente imiten y sientan.



31.8.26

¿Educar a los nietos o mimarlos?

 Parte 1 


Los abuelos ¿qué pueden hacer y que no deben hacer en relación con la educación de los nietos? ¿Existen unos criterios, más o menos generales, que abarquen todas o casi todas las situaciones respecto del papel de los abuelos en la educación de sus nietos?

 

La posible acción educativa de los abuelos depende de cada situación familiar por lo que tiene de irrepetible.

 

La condición elemental para que se dé una feliz convivencia -de cerca o de lejos- entre abuelos e hijos casados es el respeto mutuo. Que los hijos respeten la casa, las costumbres de sus padres; que los abuelos tengan clara la conciencia del respeto debido a la familia nueva, creada por el hijo o la hija, en la que, además, existe una persona -la nuera o el yerno- que vino a integrarse desde fuera, que merece la máxima consideración, el máximo respeto a su modo de ser y de hacer las cosas.

 

Refuerzo de la acción educativa de los padres

 

Si partimos de este criterio, habrá más aciertos que errores en lo referente a la educación de los nietos. Porque cada movimiento, cada actuación de los abuelos tenderá a reforzar, del modo más natural, los criterios educativos de los padres y no a establecer discrepancias entre lo que éstos dicen o hacen con lo que ellos, los abuelos, hagan o digan ante los nietos.

Esto requiere esfuerzo y preocuparse por estar en la misma línea abuelos y padres y, a veces la renuncia a las propias ideas, para:

a)    no interferir, si los padres están sancionando una falta cometida por el pequeño

b)    preguntarle al nieto, cuando pide que se le compre algo, si la mamá o el papá van a estar de acuerdo con esa compra

c)     darle la razón a los padres cuando los nietos vienen con una queja (y, en el peor de los casos, para no entrar al tema)

 

Todo esto es compatible con el afán de darle lo mejor al nieto. Porque lo mejor, en las situaciones normales de la vida cotidiana, será que él vea una coherencia en la conducta de todos los mayores, antes que una guerra de competidores por ver quién lo mima más.

Los abuelos que quieren de verdad a sus nietos, antes que a sí mismos y a su propia complacencia, saben delimitar perfectamente las fronteras entre el mimo razonable que hará feliz al nieto sin ninguna complicación y el mimo que puede resultarle nocivo.

(Continuará)

17.6.26

Un buen padre vale más que cien maestros

En algunos países incluso de occidente se piensa que la única función del padre es suministrar a los hijos el dinero para que vivan bajo un techo seguro, tengan ropa y sustento diario. Sin embargo, su verdadera misión es la que entiende el significado de ser padre como fruto del amor y por eso actúa con amor, aunque tenga que sacrificar muchas cosas personales.

La primera propuesta del “Día del Padre” la expuso en Estados Unidos Sonora Smart Dodd. La historia cuenta que su padre Henry Jackson Smart, veterano de la guerra se hizo cargo de ella y de sus 5 hermanos tras la muerte de su esposa. Asumió ambos papeles: el paterno y materno. Sonora, agradecida, propuso que se hiciera un reconocimiento a su padre como verdadero ejemplo con sus hijos: los crio y educó con amor, respeto y les inculcó valores.

El papá también se desvela junto con la madre al escuchar por la madrugada el llanto del pequeño solicitando ayuda, pasea radiante a su hijo en su cochecito y lo ve descubrir asombrado el mundo que lo rodea. Se conmueve el día que el pequeño dice sus primeras palabras, entre ellas, “papá”, al verlo alegre jugando con la pelota, etc. Hay muchos momentos mágicos que disfrutan padre-hijos: quedan en la memoria de ambos como las primeras vacaciones, el primer día de clase, los primeros dibujos, su primera comunión, etc.

Si un padre únicamente utiliza preguntas para relacionarse con sus hijos, como: ¿Cómo te portaste en el colegio? ¿Por qué no me enseñaste las notas? ¡No te comas las uñas! ¿Ya hiciste la tarea? ¡Qué manera de hablar es esa! ¡Estarás una semana sin computadora ni TV! etc. pueden provocar el niño o joven pierda la confianza en él y se sienta vigilado y controlados.

Una manera efectiva en la que los padres pueden se cercanos a de sus hijos es cultivar más diálogos que sermones. Participar de forma activa en sus juegos, diversiones, estudios, aspiraciones y problemas, respetando su intimidad, personalidad y espacio vital. A medida que crecen demostrar que valoran sus ideas y acompañarlo en sus triunfos y fracasos. Los padres guiados por el amor a sus hijos saben que lo que más necesitan en un suelo firme para echar raíces, amor para crecer fuerte y alas para ser libres. Y que el mejor legado que pueden dejarles es un rato con ellos cada día.

Y así, casi sin darse cuenta el padre inculca con su propio ejemplo las bases y principios morales para que sean “personas de bien”: ¿acaso no son merecedores a festejarles el Día del Padre?

                                            

4.3.26

El desafío de cultivar la calidez del afecto familiar

 

La película La Dama de Hierro, protagonizada por Meryll Streep y dirigida por Phyllida Lloyd cuenta la historia de Margaret Thatcher, la primera mujer inglesa en llegar a ser líder del partido conservador y primera ministra durante más de 11 años.

El film transcurre durante tres días. La protagonista figura con 86 años y demencia senil. Es una anciana que vive de recuerdos y habla con su inseparable esposo, ya fallecido, de los capítulos más importantes de su brillante carrera política en un repaso dramático y vital.

La película deja al desnudo la etapa más frágil de la vida donde todos nos igualamos sin el menor atisbo de la fortaleza del hierro.

Meryll Steep encarna a una venerable anciana que manosea prendas y recuerdos, quien mereció el apelativo de Dama de Hierro por la fortaleza de carácter con la que se abrió camino en el partido conservador inglés donde no se veía bien que fuera mujer e hija de un tendero.

Streep aceptó el papel de encarnar la intimidad de una mujer extraordinaria y compleja, pues deseaba conocer los sentimientos de una persona al final de su vida y limitada por los achaques después de haber ocupado durante años las portadas de los diarios del mundo. El esfuerzo de abrirse camino en un mundo dominado por los hombres hizo que enterrara, sin darse cuenta, la vida familiar que en la ancianidad parece echar en falta.

En la película, la anciana hace una síntesis brillante de su vida al responder al médico que le pregunta cómo se siente. Ella le pide: no se interese por mis sentimientos sino por mis pensamientos. Y es que la Dama de Hierro sigue convencida de que son sus ideas las que han conducido toda su vida, y quiere que siga siendo así.

Sin embargo, al recordar su pasado desde la ancianidad, le pesan mucho los sentimientos: necesita la compañía de su marido y recuerda cómo, siendo la hija de un tendero se fue a Oxford y luchó cada día hasta llegar a ser la primera mujer inglesa que ocupó el cargo de primer ministro. Su historia tiene que ver con el poder y el precio que se paga por él. Con un carácter fuerte y dominante fue investigadora química, abogada y política.

Esta película hace pensar a más de una mujer y a muchos hombres, qué cambios debemos provocar ahora en nuestras sociedades a fin de facilitar el aporte de la riqueza complementaria de la feminidad y masculinidad en todas las profesiones y etapas de la vida sin que sea necesario forjarnos una personalidad de metal sólido a la que pueden salirle grietas al final de la vida cuando ya no podamos controlar el entorno.

Plantea, además, el desafío de preparar nuestra ancianidad cultivando ahora, con esmero y por ocupados que estemos, la calidez del afecto familiar fomentando los contactos frecuentes con hijos y nietos.



Ana María Abel  Mg Ciencias Familiares    

 

4.9.25

Los avances de la medicina fetal

 Desafío y responsabilidad de los médicos
 El acceso a toda la población de los adelantos de la medicina



     David es un bebé de un año, sano y juguetón. Una ecografía a las veinte semanas de gestación detectó lo que parecía su condena de muerte: una obstrucción grave de la válvula aórtica. A esa edad el corazón tiene el tamaño aproximado de una avellana y no resulta fácil detectar esa malformación. En la mitad de los casos, el niño muere antes de nacer o nace con una enfermedad cardiaca de mal pronóstico.

     A David lo operó un equipo multidisciplinario a las 26 semanas en la panza de su madre quien recibió anestesia local. El bebe también fue sedado mediante una inyección en la nalga: era la única forma de que estuviera quieto. La intervención duró 10 minutos aunque su preparación insumió mucho estudio y coordinación. Su corazón se desarrolló correctamente y nació en la semana 39 de gestación con un peso de 2.980 gramos.

    Desde 1942 cuando el psiquiatra austriaco Karl Dussik, intentó detectar tumores cerebrales por medio de un haz sónico a través del cráneo, los avances de la ecografía han sido muy rápidos debido a su inocuidad y bajo costo. Aplicada a la obstetricia ha posibilitado, desde hace unas tres décadas, el surgimiento de la medicina y cirugía fetales.

     Esos adelantos 
han hecho que el feto, hasta entonces una personita desconocida a la que los médicos no tenían acceso, pueda convertirse en un paciente. La tecnología hace que se visualice con mayor resolución de imagen de su desarrollo, semana a semana y posibilita idear tratamientos correctores intrauterinos eficaces.

     El doctor Eduard Gratacós, jefe del Servicio de Medicina Maternofetal del Hospital Clinic de Barcelona, considera que todo esto es un desafío y a la vez una gran responsabilidad para los médicos y el personal sanitario: "Cuando detectamos una anomalía en el niño, no siempre acertamos en diagnosticar su magnitud y su futura evolución. Para informar a los padres nos servimos de estadísticas que no son cien por cien predictivas".

     Hace unos quince años solo podía conocerse la presencia del Síndrome de Down antes del nacimiento practicando la amniocéntesis, técnica invasiva de un coste económico no accesible a todas las embarazadas y con bastante riesgo de aborto. Ahora la ecografía morfológica en el tercer mes de embarazo, puede acompañarse de un análisis de hormonas en sangre con el que ya se conoce con más precisión el nivel de riesgo de ese síndrome y se detecta aproximadamente el 95% de los casos.

     Es importante que la mayoría de la población tenga acceso a la medicina fetal y no solamente un reducido grupo con factores de riesgo o cierto nivel económico.

Transfusión intrauterina.  La eritroblastosis fetal se desarrolla cuando la madre y el bebé tienen grupos sanguíneos diferentes. La gravedad de esta afección varía: anticuerpos que produce la madre atacan los glóbulos rojos del bebé. Se puede tratar antes del nacimiento por medio de transfusión intrauterina.

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