La película La Dama de Hierro, protagonizada por Meryll Streep y dirigida por Phyllida Lloyd cuenta la historia de Margaret Thatcher, la primera mujer inglesa en llegar a ser líder del partido conservador y primera ministra durante más de 11 años.
El film transcurre durante
tres días. La protagonista figura con 86 años y demencia senil. Es una anciana que
vive de recuerdos y habla con su inseparable esposo, ya fallecido, de los
capítulos más importantes de su brillante carrera política en un repaso
dramático y vital.
La película deja al desnudo la
etapa más frágil de la vida donde todos nos igualamos sin el menor atisbo de la
fortaleza del hierro.
Meryll Steep encarna a una
venerable anciana que manosea prendas y recuerdos, quien mereció el apelativo
de Dama de Hierro por la fortaleza de carácter con la que se abrió camino en el
partido conservador inglés donde no se veía bien que fuera mujer e hija de un
tendero.
Streep aceptó el papel de
encarnar la intimidad de una mujer extraordinaria y compleja, pues deseaba
conocer los sentimientos de una persona al final de su vida y limitada por los
achaques después de haber ocupado durante años las portadas de los diarios del
mundo. El esfuerzo de abrirse camino en un mundo dominado por los hombres hizo
que enterrara, sin darse cuenta, la vida familiar que en la ancianidad parece
echar en falta.
En la película, la anciana
hace una síntesis brillante de su vida al responder al médico que le pregunta
cómo se siente. Ella le pide: no se interese por mis sentimientos sino por mis
pensamientos. Y es que la Dama de Hierro sigue convencida de que son sus ideas
las que han conducido toda su vida, y quiere que siga siendo así.
Sin embargo, al recordar su
pasado desde la ancianidad, le pesan mucho los sentimientos: necesita la
compañía de su marido y recuerda cómo, siendo la hija de un tendero se fue a
Oxford y luchó cada día hasta llegar a ser la primera mujer inglesa que ocupó
el cargo de primer ministro. Su historia tiene que ver con el poder y el precio
que se paga por él. Con un carácter fuerte y dominante fue investigadora
química, abogada y política.
Esta película hace pensar a
más de una mujer y a muchos hombres, qué cambios debemos provocar ahora en
nuestras sociedades a fin de facilitar el aporte de la riqueza complementaria
de la feminidad y masculinidad en todas las profesiones y etapas de la vida sin
que sea necesario forjarnos una personalidad de metal sólido a la que pueden
salirle grietas al final de la vida cuando ya no podamos controlar el entorno.
Plantea, además, el desafío de preparar nuestra ancianidad cultivando ahora, con esmero y por ocupados que estemos, la calidez del afecto familiar fomentando los contactos frecuentes con hijos y nietos.
Ana María Abel Mg Ciencias
Familiares




