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4.3.26

El desafío de cultivar la calidez del afecto familiar

 

La película La Dama de Hierro, protagonizada por Meryll Streep y dirigida por Phyllida Lloyd cuenta la historia de Margaret Thatcher, la primera mujer inglesa en llegar a ser líder del partido conservador y primera ministra durante más de 11 años.

El film transcurre durante tres días. La protagonista figura con 86 años y demencia senil. Es una anciana que vive de recuerdos y habla con su inseparable esposo, ya fallecido, de los capítulos más importantes de su brillante carrera política en un repaso dramático y vital.

La película deja al desnudo la etapa más frágil de la vida donde todos nos igualamos sin el menor atisbo de la fortaleza del hierro.

Meryll Steep encarna a una venerable anciana que manosea prendas y recuerdos, quien mereció el apelativo de Dama de Hierro por la fortaleza de carácter con la que se abrió camino en el partido conservador inglés donde no se veía bien que fuera mujer e hija de un tendero.

Streep aceptó el papel de encarnar la intimidad de una mujer extraordinaria y compleja, pues deseaba conocer los sentimientos de una persona al final de su vida y limitada por los achaques después de haber ocupado durante años las portadas de los diarios del mundo. El esfuerzo de abrirse camino en un mundo dominado por los hombres hizo que enterrara, sin darse cuenta, la vida familiar que en la ancianidad parece echar en falta.

En la película, la anciana hace una síntesis brillante de su vida al responder al médico que le pregunta cómo se siente. Ella le pide: no se interese por mis sentimientos sino por mis pensamientos. Y es que la Dama de Hierro sigue convencida de que son sus ideas las que han conducido toda su vida, y quiere que siga siendo así.

Sin embargo, al recordar su pasado desde la ancianidad, le pesan mucho los sentimientos: necesita la compañía de su marido y recuerda cómo, siendo la hija de un tendero se fue a Oxford y luchó cada día hasta llegar a ser la primera mujer inglesa que ocupó el cargo de primer ministro. Su historia tiene que ver con el poder y el precio que se paga por él. Con un carácter fuerte y dominante fue investigadora química, abogada y política.

Esta película hace pensar a más de una mujer y a muchos hombres, qué cambios debemos provocar ahora en nuestras sociedades a fin de facilitar el aporte de la riqueza complementaria de la feminidad y masculinidad en todas las profesiones y etapas de la vida sin que sea necesario forjarnos una personalidad de metal sólido a la que pueden salirle grietas al final de la vida cuando ya no podamos controlar el entorno.

Plantea, además, el desafío de preparar nuestra ancianidad cultivando ahora, con esmero y por ocupados que estemos, la calidez del afecto familiar fomentando los contactos frecuentes con hijos y nietos.



Ana María Abel  Mg Ciencias Familiares    

 

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