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11 noviembre 2015

Algo para recuperar: la convivialidad

Prosiguiendo con el tema de la familia, el Papa Francisco ha reflexionado sobre una cualidad característica de la vida familiar que se aprende desde los primeros años de vida: la convivialidad, es decir, la actitud de compartir los bienes de la vida y a estar felices de poder hacerlo: “En la vida familiar aprendemos desde chicos la convivialidad, bellísima virtud que nos enseña a compartir, con alegría, los bienes de la vida”. 
 

Saber compartir es una virtud preciosa. Su símbolo, su “icono”, es la familia reunida en torno a la mesa doméstica. El compartir la comida -y por tanto, además de la comida también los afectos, las historias, los eventos…- es una experiencia fundamental. Cuando hay una fiesta, un cumpleaños, un aniversario, nos reunimos en torno a la mesa. El algunas culturas es costumbre hacerlo también para el luto, para estar cerca de quien vive el dolor por la pérdida de un familiar.
 

La convivialidad es un termómetro seguro para medir la salud de las relaciones: si en familia hay algo que no va bien o alguna herida escondida, en la mesa se entiende todo. Una familia que no come casi nunca junta, o en cuya mesa no se habla si no que se ve la televisión, o el smartphone, es una familia “poco familia”. Cuando los hijos en la mesa están pegados a la computadora, al celular y no se escuchan entre ellos esto no es familia, es una pensión.
 

Hoy, muchos contextos sociales ponen obstáculos a la convivialidad familiar. Debemos encontrar la forma de recuperarla. En la mesa se habla. En la mesa se escucha. Nada silencio que es el silencio del egoísmo. Nada de silencio. Recuperar esa convivialidad familiar, aun adaptándola a los tiempos.

Fuente: http://www.zenit.org

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