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23 mayo 2018

Plasticidad cerebral de las madres

Katherine Ellison, periodista de investigación, ganadora de un premio Pulitzer, fue madre tardía a los 38 y 41 años. Esto la enfrentó a prejuicios sociales sobre la capacidad de las madres. No los creyó y entrevistó a decenas de científicos. Plasmó sus conclusiones en un libro donde afirma: tener un hijo es el mejor MBA del mundo y debería contar doble en nuestro currículo. 

Algunas mujeres se quejan de la falta de memoria y concentración cierto tiempo después del parto. Parece como si ser madres nos hubiera vuelto tontas. Nada más lejos de la realidad.
 

Investigadores asiáticos han demostrado que el cerebro de una madre se encoge literalmente durante el embarazo. Pero este "encogimiento" ayuda a su reestructuración pues aumentan considerablemente las conexiones neuronales en áreas como el
hipocampo, el centro dedicado a la memoria emocional.
 

Las estructuras cerebrales que se dedicarán al comportamiento maternal, situadas en el sistema límbico realizan un cambio gigantesco: allá donde había carreteras, surgen verdaderas autopistas. Descubrieron también que las células del bebé pasan al cerebro de la madre y lo regeneran. Este descubrimiento abre un abanico de preguntas y posibilidades. Lo cierto es que el cerebro de la madre durante el embarazo se prepara para asumir la responsabilidad de criar y educar una nueva persona.
 

Durante el embarazo y el parto los sentidos externos de la mujer se agudizan. El olfato se hace más fino pues en este momento se activan las estructuras cerebrales dedicadas al mismo. Esto parece deberse a la hormona prolactina.
 

Con la audición ocurre algo similar: las madres suelen reconocer el llanto de su bebé entre muchos. La capacidad visual también aumenta a fin de preservar al niño de potenciales peligros.
 

En la maternidad cambian las partes del córtex cerebral encargadas del tacto. Cuando una madre toca a un bebé, ambos reciben información sutil pero muy poderosa, sobre cómo es el bebé, qué siente y cómo es su mutuo relacionamiento. Esto tiene un efecto a nivel cerebral.
 

En las madres lactantes el nivel de la hormona prolactina, que a nivel cerebral funciona como neurotransmisor, es hasta ocho veces superior al habitual. Este hecho contribuye a estimular su rapidez mental.
 

Según la evidencia científica, el cerebro de la mujer embarazada está pues, en uno de los momentos plásticos por excelencia, de más crecimiento neuronal y mayores conexiones entre neuronas.  Nada más lejos de volverse tonta: su mente está muy ocupada en un objetivo de gran trascendencia: su hijo.

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