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05 julio 2012

"Poner en penitencia"


Papás modernos aplican eficaces métodos antiguos
"poner en penitencia"

 El 28 de agosto nació Juan Ballesteros Vidal: sano y rozagante. Su padre alcanza casi los dos metros de altura por lo que no es de extrañar que el niño sea largo y tenga mucha hambre. Todo muy normal.

A los cuatro días de vida, sus padres ya “lo pusieron en penitencia”. ¿Aprendieron eso en el Curso de Preparación al Matrimonio el IUFF? ¿Eso es normal? Veamos.

Por resabios de las teorías,  tristemente famosas del Dr. Spock (1903-1998),  actualmente el pensamiento que prevalece en cuanto a la primera lactancia es “dar a demanda”.

En la década del 60 del siglo pasado, la teoría del Dr. Spock desembarcó en hogares,  consultorios, los medios y las escuelas. "Déjenlo expresarse y hacer lo que quiera". Se instaló así la psicología del permisivismo para los niños. Debían tener “canilla libre para el deseo y berrinche”. Y así crecieron.

Antes de fallecer el Dr. Spock admitió su error: los resultados estaban a la vista. Esos chicos no resultaron personas felices y exitosas como se esperaba.

En el tema de la lactancia nada es taxativo: si prueban un método por cierto tiempo y no funciona, no se preocupen, simplemente intenten otro enfoque y, con paciencia, encuentren la mejor opción para ése hijo: que no resultará luego idéntico para los siguientes.

Cada niño es un mundo al igual que los adultos. Si un niño da señales de hambre se debe a que la leche materna se digiere más fácilmente y permanece en el estómago menos tiempo. Normalísimo que “tenga sensación de hambre”, que no es lo mismo que estar mal alimentado.

Ningún método funciona para todos lo bebés por igual. Cualquiera que sea el que escojan -basándose en los consejos del pediatra y la propia observación- deben buscar lo que se acomode mejor al bebe, la familia y a su estilo de vida (con licencia maternal o reintegrándose al trabajo)

Alejandra y Raúl han ido conociendo a Juan y sus reacciones, hora tras hora a partir del parto. Han observado su dormir y su despertar, sus muecas (“me sonríe” dicen las abuelas...) y sus descoordinados gestos. Alejandra notó al segundo o tercer día algunas mañas en el momento de la lactancia. Ya conoce cuando Juan se queda con apetito -instinto materno más tiempo que le dedica- y también percibe cuando llora con el estómago lleno: lo que quiere es “aúpa”. Así que le comunicó seriamente a su madre: “ayer lo puse en penitencia” ¡A los cuatro días de nacido!

¿En qué consistió la penitencia? En dejarlo llorar una hora. Después le dio de comer y se durmió como un angelito cuatro horas seguidas. Alejandra y Raúl han ido experimentando y conociendo cuando su hijo llora pidiendo alimento y cuando lo hace “para llamar la atención”.

Estos temas no tienen porque ser blancos o negros, pueden tener matices sin ser peores ni mejores. Lo que no hay que despreciar son los métodos de antes por “antiguos” o poco espontáneos.

¿Dar de mamar con horarios o a demanda? Ni blanco ni negro: ¿diríamos que se puede dar a demanda con horarios? Cada matrimonio verá cómo lo hace.

Generaciones enteras de recién nacidos mamaron con horarios y su sistema digestivo tuvo ritmos ordenados. ¿Queda ese orden registrado el algún lugar del cerebro y facilita más adelante otros hábitos? Un tema a investigar.